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Max Brunner
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Max Brunner

De WikiSchoenstatt

“Ave imperatrix! Morituri te salutant”

“Un Prisionero de la Mater” (* 12. 12. 1897 - = 23. 04. 1917)

Contenido

[editar] El pequeño Max

Max nace el 12 de diciembre de 1897 en Arth cerca de Aldorf en la región de los bosques de Baviera. Nosotros debemos imaginarnos un silencioso y meditativo chiquillo, el que reía a gusto. Él tenía grandes y sonrojadas mejillas y ojos color café. Él gustaba de pasar solo cuidando a su hermano menor o leyendo libros, también era un entusiasta de conocer a fondo el funcionamiento de las máquinas, así lo tenemos desarmando y luego armando relojes, como también la máquina de cortar pasto de su casa. Se cuenta que una vez, luego de un ejercicio de tiro de algunos soldados, juntó los cartuchos vacíos y los volvió a llenar con polvo de abono, luego selló la abertura con barro, fue tal el estallido que mucha gente se asomo al jardín de su casa a observar el por qué de tal detonación.


Realmente el ingenio de Max es indudable, lo demuestra el tiempo de la escuela. Muy pronto le pudo contar a su mamá diferentes cosas que él había aprendido referidos a historia, ciencias, etc. Él escribió cuando tenía nueve arios un informe sobre el valor de la religión. Este era realmente una obra de valor para un niño tan pequeño, lo que demuestra su entusiasmo y preocupación respecto a la fe.


[editar] ¡Yo quiero ser sacerdote!

Sobre su decisión al sacerdocio se manifestó en Max en forma bien temprana, así se nos cuenta que una vez al caer enfermo te preguntó su madre a él sí quería morirse e irse rápido al cielo. La respuesta del muchacho fue precisa: “¡No quiero morir. Yo quiero ser sacerdote!” Ese deseo no se acababa, aún cuando su padre le dice que eso era imposible, ya que no tenían tantos medios para costear sus estudios. Ante esa oposición intercedió su madre y le busca un camino alternativo. Su pregunta sobre el sacerdocio vuelve fuertemente a la edad de 12 años, donde se le plantea el conflicto por la elección entre un sacerdocio diocesano o un sacerdocio misionero. Para este último se inclina su elección. Sólo que el debe esperar aún un año para recaudar el dinero suficiente para la entrada a la congregación misionera. Ese año le sirve de preparación. Dos o tres veces por la semana debe marchar hacia Altdorf donde recibe clases de latín por parte de un profesor. El primer domingo después de Pascua de Resurrección de 1911 entra al seminario menor de los Palatinos en Schoenstatt. El viaje que debe hacer desde Baviera hacia la región del Rin le parece enorme, y le parece que el dinero no le va alcanzar, pero con esfuerzo junta el dinero y es acompañado por su padre hasta Regensburg, De allí en adelante se le abrirá a este casi adolescente (13 años) un nuevo mundo por delante.


[editar] Ehrenbreinstein

Por su natural buen humor se ambienta fácilmente a las nuevas condiciones de vida. Pronto su anhelo de conocimiento llenará sus vacíos y conquistará en poco tiempo un lugar destacado entre los mejores de su clase. Su naturaleza alegre le ayuda a sobrellevar con facilidad la dura disciplina de la casa. No se puede uno imaginar cuan duro se castigaba la más pequeña falta frente al orden establecido. Se podía contar que cualquiera podía ser echado por faltas mínimas en la puntualidad por asistencia a clases, o aquel que rompiera el silencio dentro de la casa, también aquel que se atreviera a hablar durante la noche en los dormitorios. A menudo se le privaba al ejecutor de tales acciones de su reducida mesada ya que toda culpa, incluso las más pequeñas debían ser expiadas. Max realmente tomó la estricta disciplina en forma natural, ya que el mismo venía de una familia pobre pero de estricto comportamiento. Él estaba al inicio de sus estudios como un estudiante modelo, pero para consuelo nuestro esta actitud va a ser radicalmente distinta en los años siguientes donde no ahorrará fuerza en sus luchas contra lo establecido,


[editar] ¡Queremos ser libres!

Justo cuando Max se encontraba en los años de la adolescencia, se producen cambios importantes en las condiciones externas de Schoenstatt. En el verano de 1912 quedó terminado el seminario de los Pallotinos. El inicio de las actividades queda marcado por el traslado de la casa de estudios vieja de Ehrenbreinstein a la nueva en Schoenstatt, donde se trasladan también una parte de los alumnos de estudios superiores. ¡Vaya que cambio! Ya no hay más ninguna muralla en mal estado, el piso no cruje más al pasar, ningún lugar más semi-oscuro, donde la imaginación de los estudiantes los hacía pensar en buenas bromas para sus estrictos prefectos. En vez de esa romántica arquitectura llegaban los muchachos a una casa de paredes blancas y lisas con pasillos espaciosos y luminosos. Los estudiantes de los cursos más avanzados sintieron desde un vamos el cambio. Su tan querida libertad conseguida esforzadamente en la antigua casa se vio de pronto amenazada, estatutos para los estudiantes grandes o pequeños.


En los estatutos habían indicaciones sobre la “noble” vocación al sacerdocio y para las misiones, así como provocativas reglas, las que comenzaban: “está prohibido”, “no es permitido” o ‘tú no debes”, ‘tú debes”, etc. Así, con una actitud de santo temor recibieron los más pequeños el libro negro de los prefectos, Mientras que los más grandes anhelaban su libertad y actuaban como si todo se hubiese derrumbado. Cuando alguno de ellos se esforzaba por comportarse bien en las escalas o callaba en la sala de estudios, venía algún otro y le movía al otro la cabeza.- “nosotros queremos ser libres, como lo fueron nuestros padres”, así sonaba la canción de protesta por la libertad perdida. Los superiores comenzaron a preocuparse como podría cambiar ese clima de descontento en la nueva casa en un clima mejor. No es raro que el espíritu de los más grandes contagiara prontamente a los de cursos inferiores. Así que cuando el curso de Max, en aquel entonces en el tercer curso, se dejó influenciar por el cuarto, sucumbió junto a la disciplina su celo por los estudios. El hasta entonces modelo de estudiante Max se convierte en un estudiante travieso e indisciplinado, que juega con su reloj en clases, que bromea, que crítica y que deja esa seriedad anterior por sus estudios. Él recibe por ende malas notas. También su padre sabe de su baja en el rendimiento y lo alienta a una mejora, a la cual Max la ignora. Max se preocupa sólo de ramos que le agradan. Por ejemplo se entusiasma con la taquigrafía y se convierte en un adicto a la máquina de escribir.


Max se entusiasma con el estilo de Eichendorff y hace suyo el estilo de escritura y su forma de observar la naturaleza. Max vive en una profunda melancolía. Él experimenta un profundo dolor al saber que un antiguo, y para él querido profesor, abandona su curso y le cuesta el aceptar al nuevo.


[editar] “El Pícaro Brunner”

En el informe mensual de Max encontramos los siguientes datos:

  • “Conducta: insuficiente, descuidado, trabajo esmerado
  • Disciplina: buena (no ha sido sorprendido en nada malo
  • Orden: Debe mejorarse, Ríe durante los estudios, sí, eso ocurrió a menudo”.


Se cuenta que un día estando él en clase se puso a bostezar, el profesor lo sorprende bostezando y le reprende: “¡Pero Brunner, por qué bostezas todo el tiempo!”, pero ya que el bostezo es contagioso termina incluso el mismo profesor bostezando. El bandido de Max se divierte con esta acción y lo anota en su libro de vida.


De ese tiempo data la expresión “el pícaro Brunner”. La lucha con las obligaciones y la ciencia así como la indecible pelea contra la autoridad de los maestros y de los superiores significan en definitiva una pelea contra los instintos que están despertando y con las pasiones de su temperamento. Antes sus cualidades de buen humor, gracia para los chistes y su sonrisa cálida le habían ganado un puesto esencial entre sus compañeros. Ahora comenta: “Desgraciadamente tengo la facultad de transformar todo en tallas y hacer de todo una chacota, lo que no puedo controlar. Por ello choco a menudo con mis compañeros y es un milagro que no haya sido devorado por ellos”.


De hecho Max se sintió en ese tiempo aislado y buscaba compensar su proceso de maduración a través de grandes seuños. Los estados de ánimo de Max eran como un barómetro subían y bajaban con igual rapidez, desde una alegría casi descontrolada hasta la pena más negra del mundo. Él decía a otro compañero: “Yo soy una excepción dentro de los bávaros, ya que soy muy débil. ¡Pero mi patria no necesita avergonzarse, de que haya crecido en sus campos! Una espada quiero desenvainar, una espada de elocuencia y ciencia, una palabra y una letra, y con ellos recorrer el camino hacia la fama. Luego quiero escalar los dificiles peldaños de la fama y alcanzar los más altos. Luego quiero que sobresalgan mi patria y los héroes de ella ante todo el mundo, que su resplandor sea como ninguna otra. Pero no quisiera olvidar también a mi madre, la Iglesia Católica, para que no olvide y busque siempre en todo el mundo su expansión. Y cuando muera y me pudra, estará en mi lápida: Aquí yace el gran maestro, escritor y filósofo. Pero nadie pensará en mi pobre alma pecadora. Aún cuando alguien busque en mis libros, no pensará jamás en mi alma, menos aún si caen mis libros en manos de un moderno pagano. Eso hará el mundo después que haya muerto. Por ello creo que es mejor, que yo busque el Reino y la Gloria de Dios-. Todo lo demás se me dará por añadidura”.


Hemos podido observar en qué proceso se encontraba el alma de Max al inicio del año 1912, donde estaba más atrapada su alma por un ideal natural y romántico. Pero en este proceso encontrará él pronto la dirección de su vida que lo llevará al héroe que conocemos. Con propiedad podemos decir que esta obra maestra no es fruto sólo del esfuerzo humano, sino que de una manera especial hay una actuación extraordinaria de la gracia. Así él llegará una vez a decir que es:


==Un prisionero de la Mater??


Caracteres recios, libres y sacerdotales


Mientras contemplamos la vida de Max nos aproximamos igualmente a los primeros acontecimientos de la historia de Schoenstatt. El 20 de octubre de 1912, el rector del seminario. consagra a la virgen como “Reina de la pureza” de la casa y a los estudiantes. Una imagen de la Virgen precedía el altar mayor de la capilla de la casa. Su imagen debe plasmar el corazón de los 170 jóvenes para convertidos en hombres recios y debe educarlos al ideal del sacerdocio. Una bandera con la figura de María presidía ese mismo acto y también les fue a cada uno repartida una medalla. Algunos días más tarde, el 27 de octubre de 1912, el P. José Kentenich enciende el corazón de los jóvenes con una plática inicial en razón de su nuevo cargo de director espiritual. Su programa, en el que planteaba que se debía aprovechar la consagración a María para la vida de cada cual y para alcanzar sus ideales decía: “Bajo la protección de María queremos aprender a educarnos como personalidades recias, libres y sacerdotales”. Los jóvenes escuchaban atentamente,. “libres”, ¡por supuesto! “libertad”, la que yo pienso, la que mi corazón llena- “autoeducación”, no a través de duros estatutos - “Caracteres recios”, claro, ellos levantarían de las cenizas del corazón de los jóvenes aquellas chispas de idealismo que estaban escondidas. Los más antiguos intentan sacar adelante este ambicioso programa y forman para cumplir esos objetivos una asociación misionera en la Navidad de 191. Esta asociación se transforma bajo la dirección del director espiritual en una congregación mariana el 19 de mayo de 1914.


Ya que se quiere formar personalidades recias, libres y sacerdotales, éstas sólo podrían alcanzar una gran altura, la de héroes y de santos, cuando por amor a la Santísima Virgen se trabaje en forma religiosa en la propia perfección y en la salvación de otros. A los cursos inferiores, a los cuales Max pertenecía, les estaba cerrado el acceso a ese asociación misionera. Eso era correcto, ya que se debía permitir a los más pequeños que adquirieran primero una gran autonomía y luego, a través de sus méritos en el cumplimiento de la disciplina escolar, y en actuar como ejemplo para otros, podrían pertenecer a la congregación mariana.


[editar] ¡Nunca me metería en tal Congregación!

Eso fue para Max una verdadera revolución para su espíritu. ¿Qué tipo de congregación era esa, donde se tuviera que obedecer a un compañero de clase? Para cumplir el orden de la casa me preocupo yo sólo. ¡Nunca me metería a tal congregación! Ella está hecha para débiles y para dependientes -pensaba Max- Así se transforma el “pícaro Brunner’ en un crítico del, por él nombrado, “club de autoeducación”. Con su clásico humor aprovechaba cada oportunidad de hacer una broma a los integrantes del “Club” y se preocupaba especialmente de evitar que la congregación ganara más adeptos. Ya que en los estatutos de la congregación se estableció que todos, integrantes como no integrantes, tendrían los mismos derechos en relación al seminario, comienza entonces Max a ser portador del grupo de los “contras”. Él visitaba la congregación con el único objeto de molestar y utilizaba su derecho a permanecer en las sesiones. Nadie lo podía echar, porque estaba establecido en las constituciones de la congregación. Eso sí, que en las cosas que atañían a la congregación, él no podía opinar, pero ayudaba a originar severas disputas. Él estaba dispuesto a crear un ambiente tal en el cual quedara de manifiesto que la congregación no tenía ningún sentido y quería por ello demostrar que él había triunfado. Pelear a cualquier precio, era la idea de Max en ese tiempo. Su intención no pudo llevarse a cabo ya que entre medio llegaron las vacaciones.


Nada mejor nos habla sobre el carácter de Brunner que aquello que pasó después de las vacaciones. La increíble división en su clase, de la que él era principalmente responsable encontró nueva fuerza, al comenzar la congregación a reclutar nuevos integrantes. Por cierto reaccionó Max como “gato de espaldas”, pero notó que cada vez más iba quedando solo. En ese momento se decidía si se transformaba el club en una congregación mariana, bajo el modelo de las grandes congregaciones marianas. Club o congregación eran para Max lo mismo, él estaba en contra de todas formas. Una vez estando una ventana abierta, Max saca en presencia de todos un pañuelo rojo, se suena su nariz y piensa: “¡Esta es la bandera que yo he elegido!” Alguien del curso dice que se debería presentar un artículo en la “Bandera de María” revista de la Congregación mariana. En eso Max se suena su nariz, enseña su pañuelo y dice: “¡Yo ya he enviado uno!”


[editar] ¡Cuánto dolor te he causado!

Mientras él más se enojaba, más torturante era el pensamiento “que te ha hecho a ti María, para que tú reacciones frente a su veneración tan enconadamente en contra” ¡Cuídate de que ella no te castigue!” Y así fue limpiando la Mater con suave violencia toda enemistad del corazón de Max. Nuevamente se resiste a aceptar que en la intimidad sienta una inclinación a la congregación mariana, por ello se dedica una semana completa a burlarse de los modales de los congregantes.

En su lucha interna reza a menudo: “¡Madre, ayúdame! ¡Oh! yo quiero considerar: ¡Madre, cuánto dolor te he causado!” Poco a poco se va dando cuenta que su deseo de ser congregante no era una inclinación al hombre masa. Cuando la Congregación mariana hizo su aparición, nadie se extrañó de que el desordenado de Max estuviera también presente. Así también participa en la siguiente reunión, ya que él no deseaba permanecer sólo en la sala de estudios. En su proceso vital llegó primero a un punto en el que todo le daba igual, pero poco a poco se te fue perfilando su amor a María, que traía desde su niñez. El participa en una reunión de la congregación dando una charla referida al domingo de San Luis. Él termina su charla refiriéndose a la virtud de la humildad, que es la base de todas las virtudes y dice: “Oh María... enséñame la humildad, para no decir nunca: ¡Madre, cuánto dolor te he causado! Haz que seamos humildes, pues estamos seguros que así alcanzaremos nuestra meta más alta. Ya que así seguiremos las pisadas de los santos” - De sí mismo reconoce. ¡Adonde yo siempre vea, allí se dirige mi mirada a la falta de humildad. María dame tu bendición!” En su libro de vida descubrimos: “Ahora estoy muy cerca de la Congregación; yo estoy preparado para alejarme, en el caso de que mi admisión sea reconocida como indigna. Eso sería como un puntapié, después de tantas luchas tener que marcharse, de forma que no pudiera más entrar. ¡Ahora o nunca!. Si mi destino fuera nunca, quisiera olvidar todo, incluso que hay una Congregación, todo habría sido un lindo sueño. En todo caso he adquirido un conocimiento a cerca de los hombres, el que nunca me abandonará”.


[editar] ¡Madre ayúdame!

En el tiempo en que Max no había entrado aún en la Congregación mañana, no había encontrado éste una línea en su vida. María le mostró ésta. Desde ese entonces comienza una nueva época en su vida, la que colmará todos sus anhelos. En un principio no del todo claro y tambaleante. Él debió primero vencer su orgullo y dejarse captar en forma humilde por la gracia. “Me atrae una vida santa”, así escribe él- “una vida así a la larga se me hace difícil llevada a cabo, por eso ¡Madre ayúdame!... Un anhelo desconocido llena mi pecho.- Es como andar a tientas en la oscuridad. Soy un hombre, pero al mismo tiempo no lo soy, ni atrás, pero tampoco hacia adelante. Yo quiero tener una vida buena. Pero me hace falta la fuerza de voluntad. ¡Señor ayúdame en mi debilidad! - Yo me conozco tan poco, mi confusión es cada vez mayor; mi alegría ha disminuido y en vez de eso reina una mayor seriedad en mi. ¿Debo dejar que en mi interior se libre una lucha o debo mejor esperar a que todo ello repose? Pero ¿qué llegará a ser de todo esto? No, yo quiero esforzarme por el bien, cuando no quede otro camino. Malo puede ser cualquiera; para ello no hace falta esforzarse mucho, pero ser bueno implica fuerza. ¿De dónde puedo obtener la fuerza necesaria, sino de Dios?” Así llega luz a su lucha hecha hasta ese momento en tinieblas: su santidad debe ser alegre y natural. “Dios me ha ayudado. Él me ha dado luz y me deja conocer, que yo me había alejado de lo mejor, de la alegría, aquella que se eleva en alas, mientras ella no se deje llevar hasta el desenfreno. Si, un servicio alegre y desinteresado debe dar a Dios más alegría que una ínvoluntadosa melancolía, la que por cada falta cavila una eternidad. Cuando Max hubo reconocido el plan de Dios para con él en su temperamento. “El ánimo de vacaciones fue excesivo. Gracias a Dios he encontrado de nuevo mi espíritu alegre. Aunque permanezco siempre a la deriva, y no sé si ir adelante o atrás. Si yo fuera ya un hombre. Pero yo quiero llegar a ser un hombre íntegro”


Es en ese tiempo que surge en él su ideal personal y nace en él el deseo de ser un santo. Para alcanzar tan alto ideal y poder así superar con éxito sus faltas, grandes y pequeñas, se decide a sellar la Alianza de amor con el corazón de Jesús y el de María. Él promete reparar hasta el más mínimo error y venerar de manera especial el santísimo Corazón y a ellos, en reparación, ofrecerles diariamente sacrificios para consuelo y alegría. El título de esa alianza dice: “El santo corazón de Jesús y el más indigno de todos los hombres, Max Brunner”.


[editar] ¡La primera Guerra Mundial ha estallado!

¿Quién puede reconocer nuevamente al pícaro de Max? Los siguientes acontecimientos lo encuentran a él más seguro de sí mismo. La primera guerra mundial había estallado. El 30 de julio de 1914 salieron los alumnos de vacaciones antes de lo habitual. Recién el 22 de septiembre pudo Max regresar y debió nuevamente habitar el antiguo colegio, ya que la casa nueva de estudios se convirtió en un asilo y enfermería para los heridos. Los estudiantes podían entrar a la casa sólo para celebraciones importantes como la misa, oraciones de comunidad y para las comidas. El antiguo romanticismo de la casa vieja no se encontraba más, se agrega a eso la necesidad que se pasaba debido a la guerra. No existían las camas, se dormía sobre sacos de pala, los que se extendían sobre el suelo. Al lado de esos sacos estaba la palangana para lavarse. La ropa se guardaba en cestos o baúles, los que quedaban justo debajo del techo. El viento silbaba por entre las viejas pizarras del techo y los ratones jugaban día y noche por el entretecho. En ese entonces nadie pensaba en amotinarse. Era un momento de confrontarse y poner a prueba los ideales. Así cualquiera incomodidad, aún las más penosas, era soportada y valorada como aporte para lograr el anhelo a la santidad.


[editar] ¡Quiero ser un Santo!

La antigua capillita cercana a la casa antigua fue puesta a disposición de la congregación mariana. El Santísimo fue entronizado el 04 de noviembre de 1914. Ese día estuvo la capillita repleta de jóvenes. Los congregantes se propusieron traerle de regalo a la Virgen todos sus esfuerzos y anhelos del fidelísimo cumplimiento de sus deberes como también todas las privaciones que causaba el hecho de estar en guerra, así querían convertir su pequeño santuario en un lugar de gracias. La Virgen se tomó en serio sus anhelos y premió sus esfuerzos con abundantes gracias. El espíritu del seminario mejoró enormemente. La gracia de la transformación obró también en el alma de Max. Ese cambio lo vivió Max, especialmente durante los ejercicios espirituales en noviembre de ese año. Claro y preciso aparecía ante sí su ideal personal, lo que decidía y reflejaba su infatigable anhelo. El mismo escribe en su diario personal: ¡En tres años debo llegar a ser santo! Hoy nos parece increíble cuan en serio fue tomada su decisión, ya que Dios no le dejó más que ese tiempo para que alcanzara su meta. Max escuchó las palabras de su Maestro de ejercicios: “Yo creo que entre Ustedes, quienes realizan aquí ejercicios, puede salir un santo” y esas palabras resonaron en su alma “¿podría ser yo aquel santo?... Nosotros queremos ser siempre fieles en lo pequeño, pues así mismo seremos fieles en lo grande. Mientras seamos fieles en lo pequeño, estaremos en el camino más seguro y también más fácil hacia la santidad. Yo quiero ser ante todo santo, pues yo lo quiero, y lo quiero conforme a la voluntad de Dios, el que quiere que nosotros seamos santos ... ¡Yo quiero llegar a ser un gran santo! Yo lo quiero.


Otros también pudieron, ¿porqué no yo? ¡Yo lo quiero! ¡Yo lo quiero! ¡Yo quiero aspirar a ello con todas mis fuerzas y llegar a ser un gran santo! Amén”. Su ideal tiene el color de lo mariano: “¡María aquí estoy yo, tu instrumento, tu siervo, tu hijo, Haz de mí lo que tú quieras, sólo déjame que te quiera hasta el fin!”.


El 8 de diciembre se funda oficialmente la congregación menor a través de los cursos siguientes. Max asciende entre tanto a los cursos mayores y ese mismo día fue aceptado en la congregación mayor. Por fin contaba la Mater entre sus filas al otrora más enconado enemigo de los anhelos de la Congregación, Así también se dejaba acoger Max por su Madre celestial con todo el ardor de su alma juvenil. Desde ahora en adelante nada nos puede sorprender cuando leemos sus entusiastas palabras, las que él dirige como cierre en la celebración de su admisión como congregante. Él debía dirigir unas palabras de agradecimiento en nombre de todos los nuevos sodalicios. El quería decir unas palabras en honor a la Mater que a todos los congregantes les llegara. Estas palabras son un testimonio del ofrecimiento de amor que hace Max Brunner a la Mater, las que son tomadas por Ella, al pie de la letra. El dirige su mirada hacia una imagen de la Virgen y dice: “¡Yo veo en alto el estandarte de la Virgen!. Mi ojo herido no debe evitar tu mirada y mis labios moribundos deben susurrar y temblar: Ave imperatrix! Morituri té salutant. ¡Salve emperatríz! Los que van a morir te saludan”


[editar] ¡Mater, soy tu hijo!

Verdaderamente es Brunner un prisionero de la Madre de Schoenstatt, “¡María ahora soy realmente tu hijo!. Haz que no me olvide nunca de mis obligaciones de niño. María déjame ser pequeño para cumplir grandes tareas. Los elogios de mis camaradas me aplastan un poco, yo no puedo soportados. Madre yo no quiero separarme más de ti, pero me sobrevienen de nuevo imágenes mundanas ente tú y yo. - De noche soñé que tenía un amor extraordinario por ti que me hacía arder y yo te vi en una hermosura y majestuosidad tan grande, que no puedo arrancar más con mi fantasía esa visión de mi alma.”


Esta vez no hubo en sus palabras nada que no sintiera. El tomó su promesa y propósitos realmente en serio. La traviesa ironía de años anteriores hubo desaparecido, en su lugar reinaba una auténtica felicidad como también un proyecto de vida realmente serio. El quería regalarle a su Madre celestial una auténtica alegría. En cada tiempo libre, luego de cada hora de clases se apuraba para ir a la capillita a saludar al Salvador y a su Madre. Después de ello era su mirada tan confiada e inconfundible que despedía en todo su ser un brillo de auténtico recogimiento, que hacía que varios compañeros de clase envidiaran su pequeño momento de adoración. Luego de terminada la pausa se apuraba en llegar lo antes posible a su pupitre y se concentraba nuevamente en los libros. Nadie lo podía molestar ya que él ahora no molestaba a nadie más, no como antes que disfrutaba con ello. El fue conocido con la devoción de los Grignionistas: todo con, en, por y para María. Con gran entusiasmo leía y releía el pequeño libro de san Grignion (S. Luis María Grignion de Montfort).


El tomó control de sus propósitos especiales en forma escrita y pensaba: “Mí santidad se esconde ya en mi lápiz! Las vacaciones e o acen expe men, ara gunas decepciones en relación a sus propósitos. El temor al que dirán arrecia en él en forma insospechada: cuando él iba a comulgar y tenía que atravesar la larga nave de la iglesia se ponía a fiñtar como la cola de la paloma. Así su plan para las vacaciones queda en un puro proyecto. Luego de su vuelta a Schoenstatt vuelve Max realista y desconfiado de sí mismo y comienza todo de nuevo. Nuestro nuevo Max se está jugando por completo por aquello a lo que ha entregado alma y corazón, por ello es que su anhelo por las cosas más altas lo lleva a querer ser un encendido caballero de María. Poco después de su incorporación en la Congregación fue elegido cronista de ella, dos meses más tarde apárece Max como consultor en el magistrado de la Congregación. El 2 de mayo de 1915 fue elegido como jefe de la sección Misión. ¡Quién lo hubiera antes creído! El se preocupa de que su sección trabaje sobre la educación del carácter y alienta a todos en ello-, “Nosotros debemos hacer pronto un gran sacrificio que sea fundamento del comienzo de la salvación. Se puede comparar esto como con un vagón cargado de mercaderías. La locomotora debe comenzar fuertemente a vibrar y a dar empujones hasta que se encuentre en movimiento. Una vez que haya comenzado a moverse debe ir siempre hacia adelante y así es más dificil detenerla, Por ello les digo:Máquinas en movimiento!ihacia adelante!” Durante ese año fue elegido Max como primer asistente de la congregación. El logró reanimar a los congregantes ya que estaban algo insafisfechos con su trabajo y los incentivó a arriesgar más y a anhelar hacia los más altos ideales. Esto no es sólo astucia de parte de Max sino de que él estaba realmente contagiado por un espíritu en donde latía realmente una vida. Su participación activa en la Congregación duró hasta el 14 de marzo de 1916, día en que fue llamado a reclutarse al ejército. Max tenía 18 años.


[editar] El cuartel de Andernach

La vida como soldado le presentó a Brunner nuevos desafíos. El recibió instrucción militar en Andemach a orillas del río Rin. Andernach era conocido como un centro de formación muy rígido e inhumano. “ María, yo te quiero amar tanto que deben los montes vacilar y todo el mundo debe temblar, aunque deba soportar los sufrimientos más terribles...” Así hubo rezado Max en sus momentos de jóven entusiasta. Ahora tenía realmente la oportunidad de hacer realidad aquello que había pedido. Justo ahora que Max cumplía un año como congregante y que su decisión de convertirse alguna vez en sacerdote era declarada, aparecía él como blanco de burla y desprecio por parte de sus camaradas de ejército. Con ello pasaba Max realmente malos ratos. La dura arena del río Rin hizó que tuviera llagas en las manos y en los pies, dificultándole al correr. También en las pruebas de tiro fue obigado a disparar bajo sarta de garabatos y blasfemias y amenazado si es que no acertaba los blancos suffiría los temidos ejercicios de castigo. Bajo tanta presión e intimidación pierde Max sus nervios, llora y no acierta a los blancos. Una vez le pregunta el sargento a Max si es que es realmente todo tan malo. “sí” respondió Max “todo es pésimo” También se encontraban en el infierno de Andemach otros schoenstattianos “cacíque, beato, santofrío y el sumo sacerdote”, los que fueron así llamados. Bajo todas esas circunstancias puso Max a prueba toda su fuerza de voluntad con un sólo pensamiento en alto: “Con María en las buenas y en las malas” La necesidad común de los schoenstattianos los hizo aunarse. Ellos formaron un grupo y se reunían según pudieran, así intercambian cartas y revistas y tratan de mantener así el espíritu religioso.


A veces podía ir Max a Schoenstatt y podía recoger su espíritu en la capillita. El encuentra más que nunca en su vida este lugar como su hogar igual que en el corazón de la Mater. Las cartas a su director espiritual van y vienen con puntualidad. Esto fue mantenido hasta su muerte. “Yo quiero llegar a ser un gran santo” Por ello debo hacerlo también aquí en el cuartel. ¡Espíritu de lucha! Lleno de entusiasmo hice una tabla con mi examen particular, día a día me convenzo más de que la palabra,. un siervo de María no perecerá jamás, es una pura realidad” Él llevaba su medalla bajo su guerrera, él le confía a la Mater también sus recién lavados calcetines, que colgaban en el tendedero, para que ella los cuide, mientras el hace otras cosas ya que era sabido que sus camaradas reclutas tenían dedos bastante largos. Él observa como la Mater es una buena guía. “María es totalmente nuestra madre, nosotros podemos ser realmente sus hijos... Nosotros los congregantes pertenecemos totalmente a María. Nosotros estamos aquí para cumplir sus fines. ¿Debemos tener otra voluntad a la voluntad de María? ¡No, lo que tu quieras lo quiero también yo! Quiero morir totalmente entregado a tu voluntad, cuando así sea tu voluntad querida Madre; Recién allí iremos de regreso a tu hogar, allí te miraremos cara a cara, a tí, quienes te hemos rezado en la tierra tantas veces- Allí tendremos recién un perfecto amor a María, cuando sintamos nostalgias de tí, tu nos enviarás las gracias, para poder ir lo antes posible de regreso a tu hogar ... “ Realmente todos sus sufrimientos como soldado se los entregó a la Mater como un niño a su madre, para que ella lo transformara en su instrumento. La necesidad común y el amor común a la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt hace que los nueve schoenstattianos de Andemach formularan el mismo pensamiento: “Pienso que soy tuyo” Este pensamiento resolvió todas las preguntas que ellos tenían acerca de su destino, de la guerra y de la muerte. Ahora estaba claro, se necesitaba una ofensiva contra todas las cosas que los amenazaban. ¿cómo se puede utilizar mejor la vida de militar para alcanzar sus ideales? ¡dejando todo en manos de la Mater! Ella quiere decidir sobre la vida o la muerte.


Realmente ahora comenzaba la vida errante de un soldado. Las semanas pasaban como el viento. Max Brunner fue trasladado continuamente, un día aquí, mañana allá. Pero esta realidad ya no podía confundir a Max, cuya alma estaba fuertemente anclada en el suelo santo de Schoenstatt, así también sus amigos corrían igual suerte que la de Max. El 20 de octubre de 1916 tiene Max que abandonar Andemach y fue trasladado a Colonia. Así el grupo de Schoenstattianos de Andemach fue dispersado, pero sólo exteriormente. Semana a semana se escribían uno a otro, cada vez que pueden van a Schoenstatt e intercambian también sus correspondencias con las que reciben de Schoenstatt.


[editar] Bajo el fuego de Artillerías

El 2 de noviembre fueron trasladados hasta el norte de Francia pasando por Bélgica. El lugar designado era a orillas del río Somme estaba lleno de hoyos de granadas, el camino cubierto de lodo, todo alrededor eran ruinas de lo que había sido un pueblo, el lugar estaba convertido en un desierto, donde todo estaba repleto de material bélico, alambres enrollados, desechos de armas, etc.


Les decían a los recién llegados. ¿qué quieren allá adelante? Allá adelante han huido todos. Pero a pesar de esto sigamos. Con picos y palas cavaron los recién llegados nuevas trincheras de defensa. Los cañones tronaban constantemente, las bombas rompían la oscuridad de la noche con su resplandor, los primeros tres muertos de la unidad de Brunner marcaron este inicio en el frente de batalla. A la mañana siguiente una granada barre la trinchera que había cavado Max. Durante la tarde se escucha un duelo de artillerías, la tierra tiembla, se estremece y vacila. Muchos de sus camaradas sufren el impacto de las granadas de mano. Pero Max puede aún mantenerse de pie, lo vemos cubierto de polvo y suciedad a su alrededor están todos o heridos o muertos. “¡Piensa que soy tuyo!” rumorean sus labios y sus nervios permanecen tranquilos. Muchos de sus camaradas mueren a causa de la misma artillería alemana en esta locura de disparos. Max pone todo en manos de la Mater. En esa confusión entre disparos, suciedad, cansancio pasa May la barrera de fuego de los franceses hasta llegar a salvo a la zona de reserva. Max pudo sentir realmente como la mano de María lo había protegido. Esto no pudo olvidarlo nunca. El nombre del río Somme llegó a ser para todos los soldados el recuerdo del horror más grande.


[editar] “Sólo la MTA”

El 4 de diciembre de 1916 recibe finalmente el regimiento de Max una orden de descanso. Max pasa Navidad en Brügge. El cambia el ambiente de fiesta y de borrachera de sus camaradas por el silencio de la catedral de Brügge donde se revisar su correspondencia. la que debido a sus numerosos cambios no habla podido recibida. Allí encuentra para sorpresa suya la revista MTA de Schoenstatt. En una hospedería en Brügge tiene que permanecer en cama debido a un fuerte catarro que hubo contraído. Allí tiene tiempo para pensar en su grupo. Le pesa su responsabilidad por hacer extensivo el reino mariano, él mismo se da cuenta como la soledad ha hecho que se enfríen sus anhelos por alcanzado. “Sólo la Mta”, así escribe él, “no dejará apagar esa llama. Yo me doy cuenta que, la progresiva duración de la guerra nos llama a un mejor intercambio entre los jefes de grupo y de sus miembros como también a una mayor formación y profundización, especialmente ahora se debe cuidar y abrigar. Entonces tendremos pronto una red familiar donde estén nuestros grupos entrelazados; así nos ayudaremos unos a otros a sacamos las espinas de la vida, por un lado animándonos, por otro, aconsejándonos, como también consolándonos mutuamente. Y esto en estrecha vinculación con nuestra fuente de fortaleza, nuestra Congregación en Schoenstatt. Así debe darse una fuerte corriente de vida, Pero esto no es posible sin trabajo. Para ello aunque las ganas de trabajar sean mínimas luego de todo nuestro deterioro, aunque éstas sean microscópicas, nuestro activo amor a María nos conducirá hacia el éxito.”


Luego de esas tres semanas de descanso fue destinado Max hacía Lophem, El prisionero de la Mater piensa- “Nuestro futuro está en las manos de vuestra maternal Alteza, nuestra MTA. Por eso nada de preocupaciones que reprimen. Para nosotros vale que por nuestro tiempo debemos hacer tantos méritos en tal cantidad con los que podamos alimentarnos durante nuestra vida y con ello podamos peregrinar y finalmente entrar a la patria celestial... Sí, durante este duro tiempo debemos dejamos forjar y formar para llegar a ser un escudero de María y con ello colocar nuestra fuerza al servicio de su Amor.


[editar] Hagenau

Luego de su recuperación, Brunner fue enviado hacia Ypernbogen, Justo cuando Brunner se dirigía allí, preparaban los Ingleses un bombardeo masivo, por ello fue enviado Brunner hacia Gent con un grupo de instrucción. Allí pudo pensar nuevamente. “¿qué puedo hacer?”. Como en su tiempo de Andemach formó un grupo,, tuvo aquí en Hagenau la posibilidad de formar un grupo con los congregantes del año 1918. Los del grupo de Hagenau trabajaban en forma ideal. Su programa de trabajo era realmente bueno, esto impulsa a Max a escribir a su grupo detallándoles este programa, así escribe Max a sus compañeros de grupo-. “Ciertamente... Aquí en la Guarnición se hace más fácil y más rápido trabajar en forma conjunta, A nosotros nos frenan un montón de dificultades, por ello debemos incrementar al doble nuestro celo, es así como lograremos el éxito... Como congregantes debemos llegar a ser los mejores de entre los buenos, Ya que debemos ganarnos a los buenos y con ellos llegar a ser jefes... ¿Qué hay que hacer?” Los miembros del grupo respondieron todos en forma unánime que el grupo no debería disolverse. Por ello querían todos fijar el propósito de escribir de 7 a 10 horas durante la semana para el grupo. Y todos tenían la misma opinión de preocuparse más por la intimidad del grupo.


[editar] Más Intimidad

Brunner fue nuevamente enviado a Ypem, el pudo allí celebrar la Semana santa y asistir a la ceremonia de Pascua de resurrección. Al poco tiempo después fue enviado al frente en Arras. Desde ahora en adelante tiene total claridad de su misión El quiere ser un siervo de la Mater y permanece de a ella fiel hasta el fin. Max le escribe así a un amigo del grupo: “Hoy día se cumple un año de nuestra vida como soldados. ¿Qué cantidad de cosas nos ha traído esto?.. No ha sido todo tan fácil Pero hemos podido pasar todas estas pruebas, peligros corporales como espirituales. Nuestra Mta se ha mostrado siempre como una jefa. Ella debe así permanecer. Servus Mariae nunquam peribit” ( Un siervo de María nunca perecerá)) Sin embargo el mes entrante, mayo, les depararía al grupo un tiempo sangriento. Un tiempo de martirio quería Brunner para su grupo. Los ingleses entretanto reunieron sus fuerzas y causaron una ruptura en la línea alemana en Arras. Este hecho mantiene a las tropas en constante tensión. Brunner junta las opiniones de sus amigos y las resume en lo siguiente- “Más intimidad. Nosotros debemos aprovechar toda esta situación de tempestad, para cavar en profundidad, pára construir en lo más alto. ¿Estamos nosotros tan alto en nuestra vida interior? Hay para ello suficiente material a nuestro alrededor, como no lo habrá jamás; por ello construyamos ahora., y con ello fortaleceremos en todo nuestros caracteres ... Debería cada uno proponerse hacer mayores progresos en nuestra vida interior durante este mes de fiesta de nuestra Reina. A Ella debemos brindarle todo nuestro amor y ofrecerle el soportar todas las molestas y pesares que la guerra trae consigo (todo esto especialmente para el capital de gracias, para nuestra Mta en la capillita),., Para que siempre tengamos progresos en nuestro amor a María y así crecer en nuestra vida interior debemos aspirar a tener un plan diario. Yo deseo por ello indicarles lo que es el Examen particular, el que debe ser una medida para medir nuestro progreso en las virtudes, Para ello debemos ser, entre nosotros, los más apostólicos... Nosotros queremos utilizar, ahora en mayo, el símbolo de la Mta y esa impresa en cada una de nuestras cartas, para que nos recordemos más de Ella y de su capillita de gracias...”


[editar] Arras

El reloj de vida de Max le prepara su último golpe. El horror vivido en Somme se repite ahora en Arras. En el caso de que a los ingleses les resulte el quiebre de la línea de fuego alemana, debe estar la unidad de Brunner preparada para batirse directamente a ellos cuerpo a cuerpo, En una noche hay alarma constante y en cada momento puede llamarse a combate. Lluvia, remolinos de nieve, fuego de artillería que amenaza partir los nervios rodean el ambiente exterior de los ya tensionados soldados. Brunner escribe una carta a su director espiritual. “ Me pregunto si mis nervios resistirán esta prueba tan demoledora - Como lo disponga María, siempre ha sido para bien. ¿Porqué debo tener ahora menos confianza en Ella?” Poco antes pudo pensar sobre las últimas cosas de su vida y escribió “ ciertamente es bueno tener presente el hecho de la muerte ante sí. Sí, la muerte puede ser una verdadera amiga de un alma atormentada por el dolor y la pena, eso sí que no., para misioneros sedientos de almas, cuyo obrar esta puesto en forma temprana como una meta. Quien tenga esta meta por delante, ganar el mundo para Cristo, conquistar almas y por él sufrir y pelear, entonces debe él aparecer como un agitador- Por eso Dios es aquel que fue enviado a vencer la muerte. Que se haga su voluntad. La voluntad de Dios por siempre.”


[editar] Acurrucado bajo el manto protector de la Mater

Ahora es tarde. El calendario de la batalla de Arras muestra la fecha del 23 de abril de 1917. Los ingleses han quebrado la línea de fuego. La batalla recrudece nuevamente. ¡Contraataque! Brunner está allí,. El es herido en el pecho por un casco de granada, A las 5 de la tarde Brunner ha muerto, Sus restos permanecen tendidos en el campo hasta el 26 de abril, luego son levantados de allí sus restos por un grupo de sus camaradas y es enterrado a la salida oeste del pueblo de Fresne. María, la “alteza maternal” ha tomado posesión de su prisionero.


“Debiera ser tu gran anhelo, cumplir tu nostalgia por la Madre, luego no olvides. sacrificar tu vida por los fines de la Congregación, no te olvides de nosotros, tampoco te olvides de mi , cuando estés acurrucado bajo el manto protector de la Madre para siempre”.


El 16 de agosto de 1934 excavaron la tumba de May algunos seminaristas del Seminario de Schoenstatt y trasladaron los restos de él a su hogar en Schoenstatt. El 17 de agosto fueron los restos mortales de Hans Wormer y de May Brunner velados en la capilla de la casa de la federación y más tarde trasladados al santuario original. Al lado del santuario encontraron los dos su último reposo. La cruz negra del cementerio de los Héroes en Francia está aún hoy sobre su tumba- Esta es testigo, que un encendido caballero de María, su prisionero, hubo cumplido su palabra- “Ave imperatrix! Morituri te salutant- ¡Salve, tú Emperatriz!, los que van a morir te saludan!”.


[editar] Fuente

Extraído de la colección “Schoenstatt vivido” escrito por el P, Josef Klein- Traducido del alemán por P. Rodrigo Delazar