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Julio Steinkaul
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Julio Steinkaul

De WikiSchoenstatt

Nace en 1921 en Witten (Alemania), en una región industrial (en “la olla de carbón”).


Tenía una hermana y dos hermanos, de los cuales era el mayor. Desprendía un gran amor hacia sus padres, que se concretaban en una gran confianza y sinceridad. De ellos reconocía haber heredado numerosas cualidades, entre ellas un amor profundo, delicado, filial y lleno de confianza hacia la Santísima Virgen. No obstante, era un chico que siempre andaba en busca de grandes aventuras, víctima de su espíritu emprendedor. En cierta ocasión con un bote de pintura y un pincel, transformó una cabra en cebra (luego espontáneamente confesó todo a su madre). Tenía una conciencia delicada y le causaba profunda repugnancia la mentira y la impureza.


A los 9 años sintió el impulso hacia el sacerdocio. A los 13 ingresó en el hogar para estudiantes de los pallottinos en Ehrenbreistein. Aunque sentía nostalgia de su familia, estaba muy entusiasmado. Cerca del hogar estaba el Santuario de Schoenstatt, símbolo de los altos ideales de una juventud nueva y pura. En él se decidiría y culminaría la vida de Julio. “Soy amigo de todos y enemigo de nadie”. En 1940 fue llamado al Servicio del Trabajo del Reich, el cual lo atribuyó a una prueba que la MTA le puso, a la que él respondió confiado en Ella.


Muere el 3 de agosto de 1943, al sur de Orel. Helmut, un compañero, vuelve corriendo después de haber ido a buscar la comida. Lo alcanza una granada. Julio salta hacia él y una segunda granada lo alcanza a él. Cuando un teniente quiere ayudarlo, Julio no le deja que lo haga y le dice: “A Helmut primero”. Así, por última vez, ha sido un jefe, “sirviendo a los demás”.


a.Su ideal personal: “Ser jefe sirviendo a los demás”.


Julio era un chico de numerosas cualidades, era el jefe de los gimnastas, jugaba en el primer equipo de fútbol, no sabía nadar pero, con esfuerzo y coraje, aprendió en poco tiempo, le gustaba representar obras de teatro, le gustaba dibujar. ¡Superaba a los demás en tantas cosas!.


Era consciente de que “el destino de una comunidad está ligado al de su jefe”. “La victoria del jefe es la victoria de la comunidad. Nuestra meta es hacer de cada uno un jefe. De 100 patadas, 99 le tocan al jefe. ¡Vivimos y anunciamos el espíritu de los héroes!”. “Hay que ser jefe a través de la obra que se realiza, no por el cargo que se tiene”. “El que más se esfuerza es el que dirige. Si alguien se queda en un rincón, es culpa suya”. “Hay que tener coraje”. “Sólo puede ser jefe un hombre íntegro, que nunca fuerza a los demás; da posibilidades de desarrollarse. Hay que despertar vida, crear convicciones”. El 15 de octubre de 1939 (ya comenzó la Segunda Guerra Mundial), sella su “Poder en Blanco”.


b.Un gran ideal que compartía con sus amigos: la Primavera Sagrada.


En el antiguo Lacio, la patria de los romanos, había una costumbre singular. Cuando se quería aplacar la ira de los dioses y alejar una gran desgracia nacional, el pueblo prometía dedicarles los jóvenes y muchachas que nacieran durante todo un año. Debían crecer en otro lugar, construir allí una ciudad y ser el principio de un pueblo nuevo: eran una Primavera Sagrada. Esta idea se convirtió en un símbolo para el círculo de amigos de Julio. Fue toda una generación. Sentían que este mundo no podía ser cambiado por medio de una acción exterior, sino que debía ser renovado desde dentro.


“Ser Jefe sirviendo a los demás, por orden y en nombre de mi Reina. ¡Vive en la actitud del poder en blanco dado a la MTA para que haya santos sacerdotes de Schoenstatt!

¡Vive la Primavera Sagrada!”.


c.Mantener la alegría y la amistad en medio de la guerra.


A pesar del bullicio de la guerra, Julio se acordaba de sus amigos en las oraciones que hacía a lo largo del día, y ofrecía por ellos innumerables sacrificios. Mantenía la alegría a pesar de que sus compañeros de batalla le insultaran o se reían de él porque no bebía o no fumaba, o no contara historias vulgares. La Mater le llenaba de sus gracias y le hacía ver todo con otros ojos. Le hacía feliz. Aún cuando las granadas explotaban cerca de las trincheras, él se sentía feliz. Estaba plenamente confiado en María. En un cierto momento escribe “Nuestro principio es la alegría. Como tenemos una Madre, no hay para nosotros heroísmo trágico. En el entorno de una luz resplandeciente hay claridad: las cosas adquieren sentido (...)”. La amistad con sus compañeros llega hasta el punto de dar su vida por ellos.

[editar] Fuente

Tomado de Schoenstatt España